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Jalostotitlán El municipio se ubica al noroeste del estado de Jalisco; limita al norte con el municipio de Teocaltiche; al sur con el Valle de Guadalupe y San Miguel El Alto; al oriente, con San Juan de los Lagos, y al poniente, con Mexticacán y Villa Obregón. En el municipio abundan los pastos en lomeríos y faldas. Los bosques son escasos y entre los árboles abundan los encinos aunque también hay abundantes huizaches, palo dulce, granjero, nopal y otras especies de pinos. Entre su fauna encontramos coyotes, ardillas, conejos y otras especies menores. Breve semblanza histórica La tribu de los cocas fue la primera en habitar en Jalos al pie del cerro del Támara; pero, no se les puede atribuir la fundación de esta población, por que no habitaron precisamente el sitio que ahora ocupa, pero sí se les puede reconocer que fueron ellos los que impusieron a toda la comarca el nombre que ahora lleva y cuya etimología tiene la misma raíz que el nombre de Xalisco. La siguiente tribu que paso por esta región y dejó una influencia considerable fue la de los chichimecas. Aproximadamente en el año 1100, la tribu de los tecuexes sometió alas tribus existentes creando una raza nueva. Después llegarón a la región nuevos dominadores los aztecas que recibieron el nombre de caxcanes o cazcanes que significa independientes. Por el sitio por donde se encontraba el poblado, no se quedaron a vivir al pie del cerro de Támara, sino que se establecieron en Huachilisco. Esto debió de haber ocurrido alrededor del año 1200, que es cuando realmente se puede considerar que fue fundado Jalostotitlán, y debe atribuirse por tanto a aquellos desertores aztecas al mérito de su fundación y conservación hasta la llegada de los españoles. En 1530, llegó a esta región en conquista el capitán
Almíndez Chirinos, enviado por Nuño de Guzmán.
El fundador de Jalostotitlán fue fray Miguel de Bolonia, en 1544.
No se tiene conocimiento del decreto que creara este municipio, pero
ya se le considera como tal, el 27 de marzo de 1824. Escudo de armas Las flechas cruzadas significan lugar por donde pasaron los aztecas en su peregrinar. LA serpiente atravesada simboliza el rechazo a los ataques aztecas, aproximadamente 1164 d.C. La espada significa la conquista sangrienta de nuestra raza indígena por la española. Las palabras náhuatl de nuestro pendón significan: xalli, arena; oztotl, cuevas, y titlan, lugar de cuevas de arena. Las figuras armadas y en son de combate representan al virrey Antonio de Mendoza; al ladod e los españoles, tlaxcaltecas, y al otro lado , los tecuexes y caxcanes capitaneados por Tenamaxtli, que se rebelaron y dieron fiera batalla hasta su muerte total, en el Mixtón de Nochistlán, en 1541. En el campo inferior aparece la cabeza bicéfala de Tlaltipacitli, lagarto con fauces abiertas devastando arena. La cruz o báculo significa la religión católica que trajeron los españoles, junto con todos los logros y errores de la cultura occidental. El año de 1530 imprime la fecha de la presencia de las primeras tropas españolas en la región la mando de Pedro Almíndez Chirinos. PRUDENCIA es el inicio del lema de nuestra ciudad como virtud primordial
del régimen democrático aprehendido de la ciudad de Atenas
y la Diosa Minerva. Centro arqueológico de Jalostotitlán Según informa el documento G-1-922/JAN/3524, el cual está registrado en el Archivo Histórico de Jalisco, en 1922 fue encontrada una pirámide en el cerro de Teocaltitán, municipio de Jalostotitlán, Jalisco. El hallazgo de los restos de cultura prehispánica fue reportado por los “indios de la población, quienes dieron parte a las autoridades municipales. Los vestigios encontrados podrían pertenecer a la tradición de Chupícuaro, lo cual nos habla de la importancia de esa cultura para el Occidente del país. Lo extraño es la existencia de una pirámide en esa región. La aridez del terreno ha puesto muy en duda que se hayan asentados grupos que pudieran construir arquitectura monumental. El maestro Shöndube menciona que en esta región, los Altos de Jalisco, lo que fluían eran las ideas puesto que la región constituía una ruta comercial entre el centro, occidente y norte. Por lo que el documento nos dice, podemos atrevernos a hablar de una construcción de gran talla. El presidente municipal informa al inspector general de monumentos históricos que fueron encontradas dos paredes construidas de cantera labrada y con un chapeo de tierra quemada; las paredes están en posición inclinada y en la arista muestra una moldura de la misma tierra; al descubrir los otros dos bordes, la extensión de la superficie que cubre el cuerpo de la pirámide es de cuatrocientos metros cuadrados y aproximadamente seis metros de altura. La mayor parte del cuerpo de la construcción se encontraba cubierto por un cerro falso y era imposible, a palabras del presidente, descubrir la construcción. Aclara en el oficio que los indios del pueblo intentan penetrar en ella, quizás por la creencia que muchos teníamos que dentro de las pirámides se podían encontrar tesoros. El encargado de monumentos históricos presionan al alcalde de Jalostotitlán para que evite el ingreso por parte de los indios que quieren penetrar en la pirámide. El expendio de maíces de don Feliciano Gutiérrez En 1884, en el onceavo cantón de Jalisco, Jalostotitlán,
se presentaron algunas personas que compraron todo el maíz de
la zona que alimenta a la cabecera municipal y los señores director
político y presidente municipal pidieron consejo a la Junta del
Gobierno para saber si sería conveniente prevenir de las compras
a don Feliciano Gutiérrez, quien era el encargado del depósito
del maíz del diezmo. Durante el periodo colonial, y aún después, se crearon instituciones de ayuda mutua, quizás una de este tipo la constituía el depósito de maíz del diezmo del cual estaba encargado don Feliciano. Las hambres y los precios excesivos del maíz, principal fuente de alimentación de la población del país, provocaron la muerte de muchas personas, y como un medio de ayuda surgieron los positos y las alhóndigas en los cuales el grano se mantenía a un precio más bajo para que todos pudieran adquirir el producto. Tal vez este depósito de maíz tenía las mismas características y de allí la preocupación por que se vendiera el maíz que se contenía en él. Don Feliciano hizo caso omiso de lo recomendado por el presidente y el director político de Jalostotitlán. Comenzó a vender los granos sin permiso, evadiendo los impustos sobre el producto. Al parecer encontraron a estos extraños extrayendo el producto de manera clandestina para evitar el pago a la tesorería municipal y para que las autoridades no se dieran cuenta que se vaciaban las reservas de maíz. Al dar a conocer lo ocurrido ante el Consejo General de Gobierno, éste
resolvió que don Feliciano, el encargado del expendio de maíz,
no cometía delito alguno al vender el grano, y que las acusaciones
hechas por el gobierno municipal no tenían sustento legal para
castigar la venta del grano. La Junta Superior de Gobierno pidió
que no fuera tratarse de impedir la venta del producto.
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